Los llamados vienen desde las instituciones, las calles, los territorios y las organizaciones. Y también desde nuestras subjetividades, donde resuenan los ecos de voces que buscan inclusión, transformación y nuevas perspectivas.
Entendemos que el diseño no es neutral y que opera sobre variables subjetivas. En cada decisión fomenta o inhibe saberes e identidades, esas decisiones incluyen o excluyen formas de producción, circulación, uso y descarte. Cuando diseñamos elegimos dónde hacer foco y a la vez, desenfocamos. En ese proceso también dejamos fuera aquello que desconocemos, o damos por sentado lo que aún no hemos podido comprender o dimensionar. Cuando construimos un mensaje, elegimos un trazo, cambiamos un color, corremos el riesgo de replicar estereotipos arraigados —tantas veces imperceptibles— por ubicarnos en la esfera de un supuesto sentido común; mensajes que pueden fomentar expresiones violentas o segregar. La pregunta que nos hacemos hoy en torno a esta realidad es: ¿cómo podemos ampliar nuestras miradas y darle lugar a un diseño que integre aquello que se mantuvo sistemáticamente fuera de foco?
En este momento histórico de problemáticas asociadas a temas de género e inequidad, de ambiente y formas de producción se desprenden agendas urgentes que plantean requisitos concretos y complejos. Son agendas que reclaman espacio en la cultura objetual y discursiva que diseñamos. La misma cultura que incluye a las prácticas, los grupos sociales y personas, las formas de producción y reproducción del hábitat, sumado a todos sus componentes.
La heterogeneidad de las realidades demanda un diseño desde la diversidad y para la diversidad, invitándonos a repensar nuestras identidades, privilegios, condiciones y el impacto de lo que generamos, así como a reflexionar sobre los mecanismos de validación y valoración dominantes.
Por todo esto, celebramos que el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación proyecte políticas públicas con perspectiva de género y abra la oportunidad para que colaboremos en pensar nuevas categorías. Que le de lugar al trabajo profundo de construir un lenguaje cercano, un diseño de convivencia que resignifique las subjetividades.
Necesitamos actualizarnos revisando el pasado, tomar una postura activa en la labor de construir equidad en los espacios en los que nos desarrollamos como profesionales, comprender el presente respetando todas las realidades y cuestionar las categorías instituidas. Urge un diseño que produzca desde y para la diversidad, que aporte a la cultura materialidades respetuosas sin segregar ni estigmatizar. Si no realizamos esta tarea, las desigualdades tienden a naturalizarse y a dar forma a un sentido común que borra identidades, que oculta la violencia y la inequidad.
Es por ello que sostenemos la necesidad de articular colectivamente, de dialogar para incorporar miradas interseccionales y diversas, para diseñar realidades sociales heterogéneas.
Hay Futura
Colectiva de trabajadorxs del diseño